Anoche estuve en Cielooscuro (en realidad el nombre comercial es dark sky). Como siempre aparecí ya pasadas las once p.m. , y como siempre saludé a los de siempre. ¿Qué sentido tienen esas frecuentes excursiones nocturnas a un antro en el que ni siquiera la música es apta para el consumo? Me lo preguntó noche tras noche a la salida, cuando me dirijo a casa con dos Voll-Damm de 7,2º en el cuerpo, y con la insana sensación de que los milagros sólo ocurren en las malas comedias. Pero por ahora ni tan siquiera me atrevo a formular hipotesis de finiquitar una etapa de ignominia de barra y cerveza en la que malgasto las pocas energías que me quedan al final de la jornada. Propósito: reducir en un 50% las Voll-Damm.