Ayer cena con Luz en el Peix Daurat. Hasta el segundo plato monotemática. Intuye que su marido tiene una amante, según ella una abogada de su despacho, mayor que él; insiste en ese dato.

Durante los postres atiendo a su acento suave y en sus pechos cada día más voluptuosos. Nuestra conversación se hace mas fluida (ya se nota el efecto del cava) y discurre por un terreno libidinoso. Ahí me siento más cómodo.

También acordamos que leerá la tesis antes del verano: mi becaria favorita está contenta.

16:10

Mi interés vital está focalizado en mi vida sentimental (la profesional está regida por la inercia y es anodina). Me dejo llevar por la intuición y el deseo, sin planes ni objetivos. Admito sin embargo una cierta complejidad, que trato de resolver mediante la simplificación de mis comportamientos. Mis tres relaciones en paralelo han sido tratadas de forma independiente, de modo que me he comportado como tres Murakamis, cada uno enfatizando una variante sentimental: algo así como un Murakami a la carta.

Pero advierto una tendencia a la simplificación, a convertirme en un menú degustación, por seguir con la grotesca metáfora del restaurante. Lo prefiero, es menos agotador. Así que me voy unificando, no importa que esté con Jolie, con Mar o con Luz, tiendo a encontrar una síntesis entre las tres fuerzas de atracción: sumisión, juventud e inteligencia sexual. Busco un Murakami hibrido.

20:00

Ramón insiste en que estoy más atrapado que en un matrimonio convencional, y pone como ejemplo de relación libre la suya con Briget (prefiero que pasen unos días antes de contestarle).

Reflexión: Es cierto que estoy agarrado por el placer, y sólo en su ausencia podré calibrar hasta qué punto mi libertad se ha resentido. Pero de momento soy más epicúreo que libertario: me sacrifico.