Me he despertado tarde y mi primera cavilación ha sido percatarme de mi excitación. Al no encontrar a Mar junto a mi he tenido un primer impulso de recurrir a la masturbación, pero tras las primeras caricias me he visto como un hombre de las cavernas frotando unas piedras de silex, así que me he levantado en busca de Mar.
Estaba en el salón leyendo los periódicos en el ordenador, tomando un café con leche. Era tan evidente mi estado que no he necesitado expresarle mis deseos: nos hemos duchado juntos.
De Mar me gusta todo, excepto su obsesión (en ocasiones) por que sea yo el primero en alcanzar el orgasmo. A partir de ese momento todo es más difícil para mí, y el recorrido hasta su éxtasis se convierte en un auténtico via crucis. Lo sabe y creo que es parte de su placer. Le pone verme como un agotado obrero especializado trabajando por su goce. Es muy sibarita.
20:15
Tarde lectora. Me he zampado la novela Ámsterdam de un atracón, como en los viejos tiempos. Ha sido como comerse una empanadilla cuando estás hambriento.
Inquietudes: ¿Qué le contestaré a Jolie? ¿Qué trama mi becaria perfecta?

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