Insólita Jolie. Me informa de su cita con K, y pregunta si me resulta agradable que inicie un diario de sus orgasmos. Agradable no, hechizante.

Pero con matices. Creo que el modelo de diario no es la forma más adecuado, opto por un inventario.

Prefiero objetivar los registros, por ejemplo el tipo de orgasmo. De entrada serviría una clasificación simple, cuatro tipos en función de dos parámetros, intensidad y tiempo: insulso (corto y desdibujado), intenso (pero corto), extenso (pero débil) e imponderable (extenso e intenso). Claro que quizá no se ajuste al orgasmo femenino: le pediré consejo a Mar.

El inventario debiera contener otros datos, otros campos: fecha y hora, lugar, atuendo (o su ausencia), procedimiento de obtención (manual, vibrador, participación de otr@), palabras pronunciadas en el clímax (deberían estandarizarse), etc. Pero no me espanta la existencia de un campo abierto (tipo observaciones) en el que puedan expresarse sensaciones subjetivas, incluso poéticas: soy flexible.

El inventario de orgasmos se presta más a una evaluación cuantitativa: promedios, distribuciones, tasas.

No lo puedo remediar, me fascinan los números.