(inmediatamente después de hacer las maletas, y agotado; 20:30)
Llegaré a Marsella a mediodía. No parece que la agenda del Congreso sea muy apretada, así que hasta el sábado tendré tiempo para pasear por la ciudad, y no faltará un buen restaurante, o dos.
Pero me mata ir tan cargado, dos maletas y una mochila de la Universidad de Sydney (es uno de los regalos que le traje a V, que me ha prestado con una sonrisa sardónica, pensando que son regalos que me hago a mi mismo, como cuando regalas lencería o unas bolas chinas). En los viajes de placer (rectifico, éste lo hago con sumo placer, de entrada) me voy aproximando, paulatinamente, al ideal: todo lo que no quepa en el equipaje de mano, lo compró en destino. Pero abordo este viaje con una mentalidad diferente, y eso se nota en los kilos.
Ha sido tarde de despedidas y de planes de visita, y para casarlo todo he tenido que ejercer una cierta diplomacia, una disciplina que admiro, quizá por mis carencias sociales. En realidad sigo siendo un paleto del Mediterráneo.
Mar no me garantiza una visita: ya veremos, tengo que entregar el proyecto de rehabilitación del hotel antes de finalizar noviembre, esgrime como excusa. Por el contrario Luz ya ha reservado fin de semana, y vendrá con el manual de D/s en ristre, y con algunos capítulos leídos y subrayados, afirma (es muy de subrayar). Ramón asegura que hará todo lo posible, que además tiene interés en visitar a algunos de sus colegas libreros en Paris.
En el capitulo de imprevistos no excluyo la irrupción inesperada de la amiga americana, AA. Quiza podamos componer fundidos alguna entrada de nuestro diario en la sombra, aunque asi no garantizo la correcta sintaxis.
Alea iacta est

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