Mar está desaparecida. Ni llamadas, ni visitas ni correos. Y yo estoy vago para tomar la iniciativa. Quizá haya decidido prolongar su idílico fin de semana en el hotel con encanto, o puede que esté inundada de planos y plazos. Tiene una inveterada afición a la clandestinidad.
También Luz padece una repentina deriva profesional, aunque no abandona sus indagaciones heterodoxas. Por experiencia conozco las dificultades de mantener ambos frentes, así que espero un desenlace.
Mientras sigo en mi estado brumoso, de pocas ideas y ninguna acción, sin proyectos ni objetivos, bostezando. Soy una sombra del Murakami brioso de principios de año, un Mk momentáneamente terminal.
Lo más sensato sería clausurar mi diario, y congelarme, o liofilizarme, y entrar en un periodo de parálisis defensiva, de opacidad.

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