Estoy preparando los tres días de estancia del colega argentino en mi ciudad. Debería combinar la dosis justa de trabajo con excesos epicúreos, simplemente para que olvide sus penurias francesas. Aunque ofrecerle a Luz me parece ahora excesivo, por él, seria sin duda un presente memorable, indeleble in saecula saeculorum. Quizá, fruto de sus relatos a la vuelta, como de realismo mágico, se crease en su Córdoba natal una nueva leyenda, blanca, en torno a la hospitalidad española. Aunque será más saludable arrinconar mis delirios de pasar a la posteridad.
He comido con MM y JB. Estamos terminales. MM por exceso de autoadoración, JB porque ya no le perdonará al mundo su supuesta marginación profesional, y yo por ambas cosas, y cinco más.
El enfrentamiento ha venido por el lado de la homosexualidad. JB es un pescador primario, educado con los curas, y aunque no homófobo (no podría ser amigo mío) si bastante metafísico. Afortunadamente todavía se respira un cierto aire de ironía.
Jolie continúa con su epistolario. Ahora quiere regularizar su situación conmigo, sin desregularizar la que mantiene con K. Así que me pide que le solicite una cesión, puntual. Le he comentado que si encuentro el tono, y el punto de vista lo haré, y que quizá le ofrezca algo a cambio, ¿a Luz?

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